Alergias de otoño: qué relación tienen con el sistema inmunitario y el glutatión
Ahora que llega septiembre, muchas personas empezarán a notar algo que ya conocen: estornudos, congestión nasal, goteo de la nariz, picor de ojos o esa sensación de no encontrarse del todo bien.
A veces pensamos que nos hemos resfriado. Otras veces sabemos que se trata de nuestra alergia de siempre.
Aunque solemos asociar las alergias estacionales con la primavera o el otoño, también puede ser en una época en la que determinados síntomas alérgicos aparezcan o se intensifiquen. Entre los posibles desencadenantes se encuentran algunos pólenes, los ácaros, los hongos y los mohos, cuya presencia puede verse influida por las condiciones ambientales.
Pero ¿qué sucede realmente dentro del organismo cuando aparece una alergia? Para entenderlo, primero tenemos que hablar de nuestro sistema inmunitario y de una de sus características más importantes: su capacidad para reconocer lo que considera una amenaza y reaccionar frente a ella.
Comprender qué sucede en el organismo permite diferenciar entre una alergia, un resfriado y otros problemas respiratorios, y también entender mejor el papel que desempeñan los sistemas antioxidantes celulares, entre ellos el glutatión.
¿Por qué aparecen las alergias en otoño?
El cambio de estación no provoca por sí mismo una alergia. Lo que ocurre es que el viento, el calor o la humedad de cada época hacen que floten en el aire sustancias que activan nuestra alergia.
Dependiendo de la zona geográfica y de las condiciones meteorológicas, durante el otoño se pueden activar:
- Determinados pólenes.
- Ácaros del polvo.
- Hongos y mohos.
- Partículas presentes en ambientes húmedos.
- Otros alérgenos ambientales.
Por eso, una persona que nota que sus síntomas reaparecen cada septiembre, por ejemplo, puede estar reaccionando a un alérgeno cuya presencia o concentración cambia durante esta época del año.
Además, los ácaros pueden estar presentes durante todo el año y las condiciones de humedad pueden favorecer su presencia en determinados ambientes.
Las alergias de otoño no son iguales para todas las personas, dependerá siempre de la sensibilidad individual y del entorno.
Cómo diferenciar una alergia de un resfriado.
Cuando llega el otoño es fácil confundir una alergia con un resfriado porque algunos síntomas pueden ser similares. Los estornudos, la congestión nasal y el goteo nasal pueden aparecer en ambos casos. Sin embargo, existen algunas diferencias.
En una alergia suelen ser frecuentes el picor de ojos o nariz, los estornudos repetidos y la aparición de los síntomas después de la exposición a un determinado alérgeno.
En un resfriado, en cambio, estamos ante una infección causada por un virus. Puede aparecer malestar general, dolor de garganta y fiebre, síntomas que no son habituales en una rinitis alérgica.
Aun así, los síntomas pueden variar y no siempre es posible diferenciarlos sin una valoración adecuada.
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¿Qué ocurre en el sistema inmunitario cuando tenemos una alergia?
Para entender una alergia hay que hablar del sistema inmunitario porque una de sus funciones es reconocer sustancias extrañas y participar en la defensa del organismo.
Sin embargo, en las personas alérgicas, el sistema inmunológico confunde sustancias inofensivas con enemigos peligrosos y desencadena una respuesta.
Ante esta falsa alarma, el cuerpo produce un anticuerpo llamado inmunoglobulina E (IgE).
Cuando una persona sensibilizada vuelve a entrar en contacto con el alérgeno, la IgE activa una serie de mecanismos inmunitarios como la histamina, que es la sustancia responsable de provocar todos los síntomas como:
- Estornudos.
- Congestión nasal.
- Goteo nasal.
- Picor en la nariz o la garganta.
- Ojos rojos, llorosos o con picor.
- Tos.
- Irritación de las vías respiratorias.
Por eso es importante una aclaración: tener una alergia no significa simplemente tener un sistema inmunitario débil.
Una alergia implica una respuesta inmunitaria específica frente a determinados alérgenos.
No se trata simplemente de buscar "más inmunidad", sino de entender cómo funcionan los diferentes sistemas que participan en la respuesta del organismo.
¿Qué papel tiene el estrés oxidativo en las alergias?
Nuestro organismo produce continuamente moléculas reactivas o inestables como parte de sus procesos metabólicos normales. No son perjudiciales en sí mismas porque algunas incluso participan en la comunicación entre células y en determinadas respuestas del sistema inmunitario.
El problema aparece cuando se pierde el equilibrio entre esa producción y la capacidad de las células para mantenerla bajo control. A ese desequilibrio lo llamamos estrés oxidativo.
Y aquí está la clave para entender las alergias: cuando el sistema inmunitario reacciona un alérgeno como el polen o los ácaros, ese mismo proceso puede hacer que este estrés oxidativo aumente en las células implicadas. Por eso mantener las cosas en equilibrio redox no es un detalle sin importancia: forma parte de lo que está pasando por dentro cuando aparecen los síntomas.
Hoy se sabe que nuestras células cuentan con toda la red de mecanismos antioxidantes que regulan este equilibrio.
Dentro de ese sistema, el glutatión es uno de los protagonistas principales. No solo ayuda a neutralizar el exceso de esas moléculas desequilibradas, también influye en qué tipo de respuesta pone en marcha el sistema inmunitario cuando entra en contacto con algo que le hace reaccionar.
Por eso, cuando hablamos de alergias, el glutatión no es un personaje secundario de la historia: es una de las piezas que sostiene el equilibrio desde dentro.
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¿Hay evidencia científica sobre la ayuda del glutatión en las alergias?
La ciencia apunta a que sí, aunque de forma más sutil de lo que solemos pensar. El glutatión participa en el equilibrio entre los dos "modos" en los que puede responder tu sistema inmunitario —conocidos como Th1 y Th2— y es precisamente el desequilibrio hacia el segundo el que suele estar detrás de las reacciones alérgicas.
Mantener ese equilibrio celular no es "curar" una alergia, pero sí es darle a tu cuerpo el entorno que necesita para regularse mejor.
Cuidar el glutatión —con alimentación, descanso y precursores específicos— es una forma más de acompañar a tu sistema inmunitario.
¿Cómo puedes ayudar a tu cuerpo a mantener el glutatión en su sitio?
La buena noticia es que no hace falta esperar a que aparezcan los síntomas para cuidar este equilibrio. Hay hábitos que ayudan cada día: dormir lo suficiente, moverse con regularidad, reducir la exposición a tóxicos (como el humo o la contaminación) y cuidar la alimentación, ya que el cuerpo necesita ciertos nutrientes específicos para fabricar su propio glutatión.
Precisamente por eso, muchas personas buscan también un apoyo extra a través de precursores específicos de glutatión, como la proteína de suero no desnaturalizada, pensada para ofrecer al cuerpo los "ingredientes" que necesita para producir su propio glutatión de forma natural.
Si te interesa entender mejor qué opciones existen y cómo elegir la que mejor se adapta a tu caso, estaré encantada de contarte más haciendo click aquí.